La esperada corrección ha llegado al mercado bursátil, cumpliéndose así el pronóstico de la mayoría de los analistas, que insistían en que era sano que los retrocesos volvieran a las Bolsas después de tantos excesos alcistas. Pero lo que no ha acertado casi nadie ha sido la virulencia del recorte. En apenas una semana, el Ibex-35, por ejemplo, ha visto cómo las ganancias acumuladas desde el inicio del ejercicio se han esfumado. Una vez más, ha quedado claro que si hay algo cobarde en esta vida es el dinero. Siempre es el primero en salir corriendo de un escenario poco favorable.
El caso es que la dureza de la corrección y la rapidez con la que se ha desatado (el Ibex estaba cerca de conquistar los 15.000 puntos y en un plis plas caía hasta los 13.700) ha provocado un nerviosismo incontrolado. Es cierto que el desplome de la Bolsa china y las palabras de Alan Greenspan, alertando sobre una posible recesión de la economía estadounidense, ponían en bandeja los retrocesos. Pero de ahí a la estampida generalizada que se ha vivido, hay una enorme distancia.
Los temores a un cambio de ciclo, a un fin de la tendencia alcista del mercado, no parecen muy justificados, porque en el horizonte no se ven nubes que puedan estar descargando agua constantemente sobre las Bolsas. El escenario no ha cambiado demasiado y hay que mantener el optimismo de cara a un cierre positivo de la renta variable este ejercicio.
Por eso, es la hora de los valientes en Bolsa, de lo que ven en estos recortes una gran oportunidad para entrar en acciones que cotizan actualmente a unos precios muy atractivos y con excelentes perspectivas de revalorización. Desde la prudencia, y sin necesidad de precipitarse en la decisión, los que den el paso de volver al mercado tendrán mucho ganado.
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